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foto de Flickr, autor angeloangelo
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martes, 14 de octubre de 2014

Robolaw (II): coches sin conductor


Los coches que conducimos actualmente están incorporando gradualmente funcionalidades que nos facilitan la conducción y mejoran nuestra seguridad (entre otras podemos mencionar: aviso de cambio involuntario de carril, sistema de frenado de emergencia, regulador/limitador de velocidad, aparcamiento asistido, etc.)


No hemos llegado todavía a la situación que se describe en el video anterior de Volvo pero Google y los grandes fabricantes están trabajando para que los coches sin conductor sean una realidad comercial en menos de 10 años. Podemos intuir que serán como "supercomputadoras con ruedas", que incorporarán un software muy sofisticado (parece probable que la "inteligencia" resida en los coches más que en las carreteras), así como mapas en tres dimensiones, sensores de todo tipo para evitar choques e incluso comunicación entre vehículos (projecto Car-to-X alemán).

Robolaw dedica el segundo capítulo de su informe a los coches sin conductor. En primer lugar analiza las ventajas que aportaría, entre ellas la reducción de accidentes (el 95% de los mismos está causado por un error humano, con una tasa anual de 30.000 muertos y 1.5 millones de heridos), la disminución del consumo de combustible, el incremento de la movilidad de personas con problemas de visión u otra discapacidad y la mejora del medio ambiente, por el probable impulso que esta tecnología supondría para los sistemas de compartición de vehiculos.

File:Google's Lexus RX 450h Self-Driving Car.jpg
Foto de Wikimedia Commons. Autor Steve Jurvetson


A continuación, el documento trata el dilema ético conocido como trolley paradox, que el profesor Patrick Lin desarrolla en su artículo "The robot car of tomorrow may just be programmed to hit you". El supuesto teórico es el siguiente: imaginemos que el conductor de un tren que sufre una avería tiene que decidir entre desviar el tren y matar a un niño o mantener la dirección y matar a cinco personas. Otro parecido sería: si el accidente es inevitable y el resultado va a ser atropellar un motorista ¿evitamos al que va sin casco porque es más vulnerable y elegimos chocarnos contra el que lleva casco, penalizando así al que cumple las normas? Lin argumenta que ese tipo de decisiones no podemos programarlas previamente, ni dejarlas a la decisión de sistemas autónomos inteligentes puesto que implican un juicio moral y por ello aboga porque en los coches siempre haya una presencia humana que pueda tomar el control en ese tipo de situaciones.

Otro asunto interesante analizado en el documento es el equilibrio entre seguridad y libertad. El ejemplo típico sería el diseño del coche autónomo para que nunca superara los límites de velocidad establecidos o para que sólo fuera capaz de ejecutar ciertas acciones. ¿Aceptamos esta tecnoregulación o dejamos algo de libertad al individuo para configurar su vehículo?

El análisis legal se centra en el tema de la responsabilidad por los accidentes que se puedan producir y plantea  una pregunta previa ¿qué nivel de seguridad vamos a exigir de los coches autónomos? ¿El mismo que el de un conductor medio, el de un conductor sobresaliente u otro? La cuestión es relevante porque dónde coloquemos el listón de seguridad exigible y el de responsabilidad asociado, puede afectar a la disponibilidad comercial de esta nueva tecnología. Es el chilling effect que comentamos en el artículo anterior. Si lo situamos muy alto, los fabricantes no se arriesgarán a poner a la venta estos vehículos hasta que estén seguros de alcanzar esos niveles, lo cual puede retrasar excesivamente la disponibilidad de una tecnología que puede reportar grandes beneficios para la sociedad. Por el contrario, un nivel de responsabilidad excesivamente bajo impide que se consigan los objetivos perseguidos por la normativa, principalmente la prevención de accidentes y la adecuada compensación de las víctimas.

El informe de robolaw analiza distintas opciones de configurar la responsabilidad, destacando el importante papel que deben jugar las empresas aseguradoras y hace varias recomendaciones, de las que me quedo con las dos siguientes:

- promover un amplio debate social sobre el nivel de seguridad que esperamos de los coches sin conductor.
- armonizar la normativa europea en lo relativo a responsabilidad de vehículos a motor y cobertura de los sistemas de seguros.

No quiero terminar este artículo sin mencionar la polémica que surgió años atrás cuando Bill Gates reprochó a la industría automovilística que no habían evolucionado al mismo ritmo que la informática. La respuesta de Jack Welch fue contundente y puede servir para ilustrar el tipo de problemas que pueden presentar los coches de futuro.

martes, 29 de julio de 2014

La tecnología va casi siempre por delante de la ley

Imagina que un amigo te llama hace diez años y te invita a dar una vuelta en un coche sin volante ni pedales. Aunque esa persona estuviera trabajando en una start up puntera en Silicon Valley, es muy probable que pensaras que se había vuelto loco. Ahora echa un ojo a la foto de abajo. Parece un juguete pero es el nuevo prototipo de coche sin conductor presentado por Google en mayo.
 

foto del usuario de Flickr sam_churchill

Google asegura que sus coches no tripulados han sido capaces de completar más de un millón de kilómetros de conducción autónoma sin incidentes relevantes. Pero ¿eso es legal? Depende. En España no pero en EEUU sí en algunas zonas. Nevada fue el primer estado en conceder en mayo de 2012 una licencia "sólo para pruebas", después del intenso lobby que llevó a cabo el gigante de internet. Florida y California también permiten actualmente vehículos no tripulados en sus carreteras.

Estamos ante un claro ejemplo de como los desarrollos tecnológicos suelen ir muy por delante de la regulación vigente. Hace un siglo, cuando los primeros Ford T empezaron a invadir las carreteras americanas, ningún legislador podía presumir que los coches se conducirían solos. La situación es diferente ahora y, antes o después, la normativa se tendrá que adaptar a estos cambios.



Jeff Bezos presume de ir siempre un paso por delante de sus competidores. Lo hizo de nuevo cuando anunció el nuevo sistema de entrega Prime Air. Amazon afirma que sus drones podrán entregar paquetes en menos de 30 minutos aunque ellos mismos admiten que parece ciencia ficción. De nuevo la tecnología está preparada pero ahora mismo dicho servicio no es legal en USA como la propia FAA (el regulador de aviación americano) se ha encargado de destacar. De hecho, de momento la FAA sólo ha concedido permiso a la petrolera BP para operaciones comerciales con drones con la finalidad de monitorizar sus emplazamientos.

Es curioso porque mientras la FAA está intentando encontrar el equilibrio adecuando, en España se acaba de aprobar una regulación especial para regular los drones, con la finalidad de que este sector emergente pueda desarrollar todo el potencial. De acuerdo con esta normativa, los drones no podrán sobrevolar nucleos urbanos y tendrán que llevar una placa con sus datos identificativos. Además, los que pesen más de 25 kilos tendrán que estar inscritos en el registro de matrícula de aeronaves y disponer del correspondiente certificado de aeronavegabilidad.

En cualquier caso, bienvenida sea una legislación, aunque sea temporal, que establece unas reglas claras para unos aparatos que cada vez son más fáciles de encontrar y manejar.